Una de las herramientas para medir lo que pasa con la seguridad capitalina es el “Informe Anual de Seguridad”, realizado por Probogotá. En su sexta edición, el informe intenta comprender la evolución del crimen en viendo los avances y los retos persistentes de la estrategia del Distrito. Entre las conclusiones, el documento apunta a que, a pesar de la adopción de una política con metas ambiciosas como la reducción del homicidio a un dígito, y la mejora en la percepción de seguridad, “la realidad impone desafíos que superan la capacidad de respuesta local”.
Sin dejar a un lado los logros importantes, como la reducción del hurto a personas (-5,7 %), a comercio (-30,3 %), a residencias (-2,5 %), a entidades financieras (-73,3 %), a automotores (-21,7 %) y a motocicletas (-14,6 %), el documento advierte que delitos como la violencia contra la mujer y las lesiones personales se han intensificado, lo que evidencia una transformación de las amenazas urbanas y la necesidad de estrategias más integrales y articuladas con foco social y cultural.
El delito no es uniforme
Para entender por qué las cifras parecen no ser compatibles con la percepción, el informe advierte que la criminalidad en Bogotá no se comporta de manera uniforme, sino que responde a dinámicas territoriales diferenciadas, donde “los incrementos tienden a concentrarse en pocos delitos por territorio”. Por ejemplo, aunque muchos delitos registran disminuciones sostenidas, como el hurto (que afecta a más personas por volumen de delito), en localidades como Puente Aranda, Tunjuelito, Usaquén y San Cristóbal, algunos delitos van en aumento, al contrario de la tendencia general. Por esta razón, entre otras, estas localidades, dice el informe, deben ser “focos de seguimiento”.
Aunque los delitos contra el patrimonio muestran una reducción general, el documento subraya que “el hurto a personas continúa siendo el delito de mayor volumen en la ciudad”, manteniendo su impacto en la percepción de inseguridad. Al análisis se le suma otro dato: solo el 42 % de víctimas de delitos en Bogotá denunciaron, lo cual demuestra que la brecha entre confianza y contacto con la autoridad, sigue siendo débil.