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Ni TransMilenio ni el metro: el invento que puso orden al caos de movilidad y un siglo después sigue vigente en Bogotá

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Bogotá es un baúl lleno de historias y de anécdotas. Cada barrio y esquina guarda un pasado con personajes y episodios únicos que merecen ser contados.

Una de esos cuentos, de tantos, tiene que ver con la movilidad de la ciudad que, incluso, en los años 30 ya era caótica, según los pocos registros fotográficos de la época.

Eran los tiempos en los que el tranvía reinaba y atravesaba como una cremallera de metal la carrera Séptima desde el centro hasta el barrio las Cruces, con conexiones con Chapinero y la calle 72. Al mediodía, la Séptima o calle real era el mismo hervidero que hoy. Caballeros con corte inglés caminaban presurosos acompañados de bellas damas de sombrero negro, vestido y tacones.

El despelote se daba por la mezcla de peatones, tranvías y carros. Algunos prototipos de las marcas Ford, Chevrolet, Dodge y Studebaker ya circulaban de manera incipiente por la ciudad.

El primer semáforo en Bogotá

Para organizar el caos y disminuir los accidentes, en 1935 el gobierno del entonces presidente Alfonso López Pumarejo decidió traer “la gran novedad del siglo”: un semáforo.

El dispositivo era eléctrico y fue instalado en la intersección de la carrera Séptima con avenida Jiménez, uno de los cruces más movidos de la época.

Entre las anécdotas que dejó el hecho histórico está que un policía de tránsito fue encargado, exclusivamente, para hacer pedagogía al lado del semáforo. El hombre, vestido de traje de paño, se dedicaba a explicarles a los ciudadanos que significaban cada una de las luces.

Con el paso del tiempo, los semáforos se multiplicaron y se convirtieron en una herramienta clave para el tránsito de la capital, que vivió la transición del tranvía a los buses de gasolina con la llegada de los años 50. La historia fue compartida en la cuenta de Instagram de ProBogotá Región.

Proyectos que le pueden interesar

Bogotá es un baúl lleno de historias y de anécdotas. Cada barrio y esquina guarda un pasado con personajes y episodios únicos que merecen ser contados.

Una de esos cuentos, de tantos, tiene que ver con la movilidad de la ciudad que, incluso, en los años 30 ya era caótica, según los pocos registros fotográficos de la época.

Eran los tiempos en los que el tranvía reinaba y atravesaba como una cremallera de metal la carrera Séptima desde el centro hasta el barrio las Cruces, con conexiones con Chapinero y la calle 72. Al mediodía, la Séptima o calle real era el mismo hervidero que hoy. Caballeros con corte inglés caminaban presurosos acompañados de bellas damas de sombrero negro, vestido y tacones.

El despelote se daba por la mezcla de peatones, tranvías y carros. Algunos prototipos de las marcas Ford, Chevrolet, Dodge y Studebaker ya circulaban de manera incipiente por la ciudad.

El primer semáforo en Bogotá

Para organizar el caos y disminuir los accidentes, en 1935 el gobierno del entonces presidente Alfonso López Pumarejo decidió traer “la gran novedad del siglo”: un semáforo.

El dispositivo era eléctrico y fue instalado en la intersección de la carrera Séptima con avenida Jiménez, uno de los cruces más movidos de la época.

Entre las anécdotas que dejó el hecho histórico está que un policía de tránsito fue encargado, exclusivamente, para hacer pedagogía al lado del semáforo. El hombre, vestido de traje de paño, se dedicaba a explicarles a los ciudadanos que significaban cada una de las luces.

Con el paso del tiempo, los semáforos se multiplicaron y se convirtieron en una herramienta clave para el tránsito de la capital, que vivió la transición del tranvía a los buses de gasolina con la llegada de los años 50. La historia fue compartida en la cuenta de Instagram de ProBogotá Región.

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