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Informe Anual de Seguridad 2025

El Informe Anual de Seguridad 2025, en su sexta edición, reafirma su valor como herramienta para comprender la evolución del crimen en Bogotá, los avances y los retos persistentes de la estrategia de seguridad de la ciudad. Aunque el gobierno distrital ha adoptado una política con metas ambiciosas —como la reducción del homicidio y del hurto, y la mejora en la percepción de seguridad— la realidad impone desafíos que superan la capacidad de respuesta local. A pesar de logros importantes, como la disminución del hurto en todas sus modalidades, el homicidio, la extorsión y la desarticulación de cientos de estructuras criminales, delitos como la violencia contra la mujer y las lesiones personales se han intensificado, lo que evidencia una transformación de las amenazas urbanas y la necesidad de estrategias más integrales y articuladas con foco social y cultural.

Bogotá enfrenta, además, esta complejidad con capacidades limitadas, el pie de fuerza más bajo desde 2012, y sin el respaldo de una política eficiente de seguridad desde el Gobierno Nacional. La expansión de economías ilegales y el creciente flujo de armas y explosivos han fortalecido estructuras criminales que superan el alcance de la gestión distrital. Frente a este escenario, la respuesta debe ser conjunta: sin una política nacional clara, recursos adecuados y mayor coordinación con la ciudad, los esfuerzos locales seguirán siendo parciales.

Mientras la percepción ciudadana sigue siendo alta, persisten altos niveles de impunidad, desorden urbano y desconfianza institucional.

Un ambiente de ciudad deteriorado, el déficit de capacidades de la fuerza pública y el contexto nacional con un crimen organizado fortalecido generan un ambiente hostil para los ciudadanos que requiere de atención de las autoridades locales y nacionales.

El Informe Anual de Seguridad 2025, en su sexta edición, reafirma su valor como herramienta para comprender la evolución del crimen en Bogotá, los avances y los retos persistentes de la estrategia de seguridad de la ciudad. Aunque el gobierno distrital ha adoptado una política con metas ambiciosas —como la reducción del homicidio y del hurto, y la mejora en la percepción de seguridad— la realidad impone desafíos que superan la capacidad de respuesta local. A pesar de logros importantes, como la disminución del hurto en todas sus modalidades, el homicidio, la extorsión y la desarticulación de cientos de estructuras criminales, delitos como la violencia contra la mujer y las lesiones personales se han intensificado, lo que evidencia una transformación de las amenazas urbanas y la necesidad de estrategias más integrales y articuladas con foco social y cultural.

Bogotá enfrenta, además, esta complejidad con capacidades limitadas, el pie de fuerza más bajo desde 2012, y sin el respaldo de una política eficiente de seguridad desde el Gobierno Nacional. La expansión de economías ilegales y el creciente flujo de armas y explosivos han fortalecido estructuras criminales que superan el alcance de la gestión distrital. Frente a este escenario, la respuesta debe ser conjunta: sin una política nacional clara, recursos adecuados y mayor coordinación con la ciudad, los esfuerzos locales seguirán siendo parciales.

Mientras la percepción ciudadana sigue siendo alta, persisten altos niveles de impunidad, desorden urbano y desconfianza institucional.

Un ambiente de ciudad deteriorado, el déficit de capacidades de la fuerza pública y el contexto nacional con un crimen organizado fortalecido generan un ambiente hostil para los ciudadanos que requiere de atención de las autoridades locales y nacionales.

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