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Escasez de gas: Bogotá paga los platos rotos…

POR:
EL NUEVO SIGLO

 

No es menor ni desestimable la alerta que lanzó Probogotá en torno al coletazo que ya está sufriendo la ciudadanía y el aparato productivo de la capital del país por el desabastecimiento y el encarecimiento acelerado del gas natural. Una circunstancia que, incluso, podría impactar a corto plazo la operación del sistema Transmilenio, puesto que un 20 % de la flota de articulados y buses del Sistema Integrado de Transporte Público (2.143 vehículos) utiliza este combustible.

 

Como ya todo el país lo sabe, los yerros cometidos en la política minero-energética del gobierno Petro, al restringir la firma de nuevos contratos para exploración y explotación de gas, llevó a profundizar el déficit estructural en las reservas funcionales y oferta de este combustible. Lo que obligó a que se perdiera la autosuficiencia sectorial y desde hace algún tiempo tuviera que acudirse a incrementar los volúmenes de importación para satisfacer la creciente demanda industrial, vehicular, de las termoeléctricas y los hogares.

La situación se ha complicado aún más a partir de este mes, ya que se vencieron muchos de los contratos de suministro de gas en la cadena energética, forzando a que las nuevas negociaciones se hagan a precios mayores. Por tanto, no solo aumentó el riesgo de racionamientos a corto y mediano plazos en distintas zonas del país, sino que desde ya se advirtió de un aumento en los precios en todos los renglones de la cadena gasífera. Esto implicará, de entrada, incrementos en las tarifas de los servicios de luz eléctrica y gas, así como en el suministro para los rubros industriales y vehiculares.

Precisamente por ello es que Probogotá sostiene que toda esta coyuntura impactará en el costo de vida para los capitalinos, que tendrán que destinar mayor parte de sus ingresos para pagar más por los servicios públicos. E incluso para el caso de Transmilenio es obvio que cualquier incremento abrupto en este energético eleva de inmediato los costos operativos del sistema, pone presión sobre su sostenibilidad financiera y elevaría la tarifa del pasaje.

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No es menor ni desestimable la alerta que lanzó Probogotá en torno al coletazo que ya está sufriendo la ciudadanía y el aparato productivo de la capital del país por el desabastecimiento y el encarecimiento acelerado del gas natural. Una circunstancia que, incluso, podría impactar a corto plazo la operación del sistema Transmilenio, puesto que un 20 % de la flota de articulados y buses del Sistema Integrado de Transporte Público (2.143 vehículos) utiliza este combustible.

 

Como ya todo el país lo sabe, los yerros cometidos en la política minero-energética del gobierno Petro, al restringir la firma de nuevos contratos para exploración y explotación de gas, llevó a profundizar el déficit estructural en las reservas funcionales y oferta de este combustible. Lo que obligó a que se perdiera la autosuficiencia sectorial y desde hace algún tiempo tuviera que acudirse a incrementar los volúmenes de importación para satisfacer la creciente demanda industrial, vehicular, de las termoeléctricas y los hogares.

La situación se ha complicado aún más a partir de este mes, ya que se vencieron muchos de los contratos de suministro de gas en la cadena energética, forzando a que las nuevas negociaciones se hagan a precios mayores. Por tanto, no solo aumentó el riesgo de racionamientos a corto y mediano plazos en distintas zonas del país, sino que desde ya se advirtió de un aumento en los precios en todos los renglones de la cadena gasífera. Esto implicará, de entrada, incrementos en las tarifas de los servicios de luz eléctrica y gas, así como en el suministro para los rubros industriales y vehiculares.

Precisamente por ello es que Probogotá sostiene que toda esta coyuntura impactará en el costo de vida para los capitalinos, que tendrán que destinar mayor parte de sus ingresos para pagar más por los servicios públicos. E incluso para el caso de Transmilenio es obvio que cualquier incremento abrupto en este energético eleva de inmediato los costos operativos del sistema, pone presión sobre su sostenibilidad financiera y elevaría la tarifa del pasaje.

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