Estudio de ProBogotá revela que mientras los viajes en moto aumentan, los de transporte público masivo están a la baja. ¿Qué hacer ante el panorama?
El principal desafío que tendrá la Primera Línea del Metro de Bogotá (PLMB), una vez entre en operación en marzo de 2028, no serán los carros, sino las motocicletas, cuyo parque automotor viene en una espiral de crecimiento y los usuarios serán los mismos.
Esta es una de las conclusiones que deja un estudio de ProBogotá Región que hace una advertencia sobre el crecimiento desbordado de los vehículos de dos ruedas, los cuales ya se convirtieron en una especie de competencia desafortunada para el Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) y que, sin duda, lo será para el metro, que es una solución para una ciudad sostenible.
Esto se presenta en un momento en el que la ciudad realiza enormes inversiones en infraestructura férrea y sistemas de transporte masivo, como la primera línea del metro de Bogotá y el remplazo de buses que operan con combustibles fósiles por eléctricos o de bajas emisiones. Desde la región y la Nación también se hacen esfuerzos con los dos proyectos de Regiotram, que ingresarán a la capital.
El documento ‘Moto vs. Metro: ¿Cómo nos estamos moviendo en Bogotá?’, que realizó ProBogotá Región, analiza la creciente competencia que tiene el uso de la motocicleta, a pesar de la alta siniestralidad, y el transporte público masivo en la ciudad y deja ver los retos que tiene el concesionario y la actual administración distrital y, por supuesto, las futuras.
El cronograma del metro elevado contempla que deberá empezar a operar en marzo de 2028 y que tendrá capacidad hasta para 72.000 pasajeros hora por sentido, atravesará 78 barrios en nueve localidades y beneficiará a más de 3 millones de habitantes.
Si bien la primera línea del metro podría captar parte de los viajes actualmente realizados en motocicleta, especialmente trayectos largos y recurrentes, el informe de ProBogotá sostiene que no habrá una sustitución automática entre modos, por el contrario, se presentará un escenario de coexistencia y de competencia modal.
De hecho, los autores del documento advierten que muchos motociclistas fueron antes usuarios del transporte público y migraron buscando mejores condiciones de desplazamiento.
Este panorama, además de otros hallazgos del informe de ProBogotá, plantean que el metro, desde el inicio de operaciones, tendrá desafíos muy grandes que se tienen que resolver.
Juan Pablo Bocarejo, exsecretario de Movilidad y uno de los autores del estudio, indicó que el informe es “una alerta” para la política pública sobre “qué ciudad queremos a futuro: si una sostenible o una para las motos (…), donde no se van a necesitar más líneas de metro porque toda la gente está movilizándose en moto”.
En la misma línea, María Carolina Castillo, directora de Probogotá, señala que el reto es cómo lograr, a partir de la operación de la primera línea del metro, “fidelizar a los usuarios” y cómo no dejar al sistema férreo en desventaja frente a los otros modos, en especial la moto.
“Se le debe dar a la moto el mismo tratamiento que a los otros modos. No hay justificación para exceptuar la moto de criterios como el pago del pico y placa y de otras medidas, en el ánimo de equilibrar los modos de transporte, y que el transporte público masivo no esté en desventaja en la misma cancha frente a la moto”, señala Castillo.
La directora de ProBogotá propone también fortalecer la experiencia de viaje en transporte público mediante menores tiempos de espera, transbordos más simples, soluciones de última milla y mejoras en seguridad y accesibilidad.