Sus primeros años transcurrieron en Fujian, una provincia del sureste chino, donde creció rodeado de montañas. En 2013 se mudó a Canadá para estudiar y allí se nacionalizó.
Desde 2019, es profesor asociado de Sociología de la Universidad de York y obtuvo un doctorado de la Universidad de Columbia Británica. Sus estudios se han volcado a investigar la confianza social y política, las desigualdades y su relación con el bienestar.
Wu estuvo en Bogotá para conversar sobre sus reflexiones en un espacio impulsado por ProBogotá Región, la Secretaría de Cultura de Bogotá y el programa ‘Culturalmente’. En entrevista con EL TIEMPO, habló de la teoría que ha desarrollado en torno a la confianza.
¿Qué es la confianza?
Es la expectativa de que otras personas o los actores políticos harán lo correcto, actuarán por el bien común y no te harán daño en situaciones en las que no tienes garantía de lo que harán.
¿Es inherente al ser humano?
Hay tres grandes teorías al respecto. La primera es que viene de los genes. Uno de mis colaboradores trabajó con datos de Dinamarca y encontró que la genética explica cerca del 17 por ciento de la variación en la confianza. Las otras dos grandes teorías son la de la experiencia y la de la cultura; es decir, de la socialización en los primeros años. El psicólogo Erik Erikson decía que la primera etapa del desarrollo humano es aprender a confiar o desconfiar. Cuando un bebé llora por hambre y sus padres no lo atienden, puede no pasar nada la primera vez. Pero cuando el comportamiento se repite, el bebé desarrolla desconfianza. Si creces en un entorno de baja confianza, en especial en la socialización primaria, tu capacidad de confiar será mucho más baja, incluso si luego, en otros lugares, acumulas otras experiencias. La confianza se estabiliza temprano, en la familia, en el barrio y en la escuela.
¿Y eso podría repercutir en la sociedad?
En mis investigaciones he encontrado que las personas que confían son físicamente más activas, hacen más ejercicio y tienen mejores relaciones con los demás. También hay estudios longitudinales, que siguen a la misma persona durante años, que muestran que quienes confían beben menos alcohol y ponen menos en riesgo su salud. La confianza importa tanto para la vida de cada persona como para la sociedad. Es evidente si se toma el ejemplo de la pandemia. Quienes confiaban cumplían más las normas: se hacían la prueba, se vacunaban, usaban tapabocas y mantenían la distancia. Las personas que confían son más consideradas con los demás, y eso hace que una sociedad se una para enfrentar los desafíos comunes.
¿Y eso cómo se traduce a nivel general?
Los investigadores de muchas disciplinas la asocian con una mejor sociedad. Los países y regiones con más confianza tienen mejor PIB y más empleo. Son más democráticos y tienen más cohesión social, lo que quiere decir que es más probable que la gente coopere y se una para emprender acciones colectivas frente a desafíos comunes. Esto lleva a que la gente sea más sana y feliz. Nos estamos volviendo sociedades menos confiadas a nivel global. Tal vez no todas, pero según los datos que veo, muchas viven en la caída de la confianza. En Estados Unidos, en 1972, casi el 70 por ciento de las personas decía que se podía confiar en la gente. Hoy, solo el 32 por ciento lo hace. Los datos también muestran que los jóvenes y quienes pasan más tiempo frente a pantallas también confían menos. El declive de la confianza lleva a muchos de los problemas sociales de hoy.
¿Qué es lo que está generando eso?
La disminución de la vida asociativa en las personas que no pasan tiempo juntas, no van a la iglesia, no se toman una cerveza o una bebida y no conocen gente, puede llevar a la pérdida absoluta de confianza. Si vas toda la vida al mismo lugar, eso no te ayuda a entender a quienes están fuera de él. Lo mismo pasa con el club deportivo o con cualquier organización a la que vas una y otra vez. Eso no cambia tu percepción de los demás. Por el contrario, lo que puede ayudar en ese cambio es participar en organizaciones distintas y conocer a personas diversas. Eso lleva a la construcción de más confianza en general.
¿Influye en algo la polarización?
Las personas están cada vez más inmersas en el mundo de la ideología y eso daña la confianza. La polarización política sesga también la confianza. En la literatura se distingue entre la confianza generalizada, en la gente o en las instituciones en general, y la particularizada, dirigida solo a ciertos grupos. La que sirve para construir una mejor sociedad es la generalizada y la polarización lleva a lo contrario.
¿Hay un punto sin vuelta atrás?
En Estados Unidos y Canadá estamos en ese punto, del que es difícil volver. Ya casi nadie confía en los demás ni en sus gobiernos. En Colombia, un ejemplo es la Policía. Durante años, las personas han confiado muy poco en esa institución, haga lo que haga, incluso cuando los vecinos conocen el nombre del policía del barrio y hay cercanía. No es porque no hagan su trabajo, sino porque en algún momento de la historia se rompió la confianza hasta un punto difícil de recuperar. Por eso, todavía hoy, la gente tiende a tener una imagen negativa. El asunto es que reconstruir esa confianza tomará generaciones porque ya está en el imaginario general.