¿Cómo se imagina Bogotá en 12 años? ¿Cree que será una ciudad mejor? O, incluso, ¿se ha preguntado qué está haciendo para hacerla más vivible? Bajo esas preguntas, 19 artistas, académicos, periodistas y otros profesiones se reunieron para encontrar un único relato sobre el futuro de la capital a 2038. Hablamos con algunos de ellos sobre el proceso creativo que se presentará este jueves en el Planetario a las 5:00 p. m.
Bogotá es una ciudad optimista. Al menos, así lo concluye la Encuesta de Percepción Ciudadana de Bogotá Cómo Vamos. Para 2025, se mantuvieron los niveles altos de orgullo (57 %) y satisfacción (61 %), especialmente liderados por los jóvenes e impulsados por la construcción del Metro y el buen estado del espacio público. Aunque la percepción de inseguridad sigue siendo alta (62%), resulta paradójico que la satisfacción de vivir en Bogotá haya mostrado mejoría constante en los últimos dos años.
Tal visión apuntaría a concluir que estamos de cara a una ciudad más vivible. Pero nombrarlo como un hecho sería generalizar. La pandemia y el estallido social dejaron rastros de desesperanza por el futuro. De ahí que la Secretaría de Cultura planteara cómo rescatar esas ausencias de relato. Fue entonces que, a través de la Escuela de Futuros, decidieron reunir en duplas a destacados personajes, asignándoles un tema y pidiéndoles que, junto a otros grupos de personas, hicieran varias preguntas relacionadas con cómo se configuran con el presente; cómo serán en el futuro, y qué relación tienen con Bogotá. Aquí algunos resultados.
Edgar Álvarez es artista y creador de ‘Se lo explico con plastilina’ y María Carolina Castillo es directora de ProBogotá. Dos orillas que al principio parecen distantes: la creatividad y la exactitud de los datos.
Sin embargo, a través de la enseñanza y la manualidad, ambos pudieron dialogar junto a otras comunidades sobre la importancia de los espacios verdes públicos y su influencia en la calidad de vida. Esto, bajo un contexto donde en Bogotá acceder a estos espacios es sinónimo de privilegio, pues aquellos árboles frondosos y jardines amplios y cuidados están marcados también por la desigualdad.
“Justamente algo curioso que me contaba Carolina era que muchas veces, como el nivel de violencia que se da en ciertos barrios, pasa también por la falta de parques”, comenta Álvarez. Algo que precisamente marcó el rumbo de la pregunta a dialogar. “¿Cómo logramos que el patrimonio natural de la ciudad deje de ser algo distante y se convierta en una experiencia cultural viva, accesible y disfrutable para todos? Es, en el fondo, un cuestionamiento por el derecho a la ciudad, pero también por el derecho a entenderla, recorrerla y sentirla como propia”, sentencia la directora de ProBogotá.
El producto final responde entonces a una maqueta, por supuesto con personajes hechos en plastilina, y con fotografías que muestran el proceso de diálogo entre ambos para entender el patrimonio natural como parte de los derechos culturales de los ciudadanos.

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