En 2024, Bogotá registró más de medio millón de motos matriculadas y un incremento superior al 50% en la expedición de licencias de conducción para motos entre 2023 y 2024. Este modo de transporte se ha consolidado en el imaginario común como una respuesta asequible a las necesidades de transporte. Su uso incide de manera significativa en la distribución de viajes, congestión, la ocupación del espacio vial, la contaminación y la exposición al riesgo. No se trata únicamente de una preferencia modal, sino de un fenómeno con implicaciones económicas, territoriales y sociales como el hábito, afinidad con el modo, herramienta de trabajo y percepciones negativas del espacio público.
La apuesta por infraestructura de transporte público de alta calidad y capacidad busca reorganizar la demanda, concentrar viajes bajo economías de escala y efectos de largo plazo sobre productividad y ordenamiento, como en la Primera Línea del Metro (PLMB). La coexistencia de ambos procesos plantea preguntas de fondo sobre eficiencia espacial, sostenibilidad fiscal, seguridad vial y transición ambiental.

