Es innegable que la Sabana de Bogotá creció rápido y creció mal. Durante años, la urbanización avanzó sobre suelos rurales, bordes hídricos y zonas agrícolas sin que los instrumentos de ordenamiento lograran detenerlo. Al contrario, a través de escaramuzas legales, acuerdos por debajo de la mesa y una tenue veeduría ambiental, el volteo de tierras dio vía libre a una depredación urbanística que endureció cerca del 80 % de este ecosistema estratégico.
Lo que tardó varios milenios en consolidarse como un paraíso de humedales, lagunas, verdes praderas y suelos excepcionalmente fértiles se transformó en una mancha urbanística amorfa que poco a poco se tragó todo. Hoy, el resultado de estos errores no es otro que un territorio fragmentado, con municipios sobreconstruidos, mientras el agua, los ecosistemas e incluso la movilidad cargan con los costos.
En ese escenario de expansión desordenada y rezagos institucionales se lanzó Visión Metropolitana 2051, un documento de 312 páginas presentado por ProBogotá Región que propone una hoja de ruta conjunta de ordenamiento territorial para uno de los territorios de mayor crecimiento poblacional del país. No en vano, según estudios de Bogotá Cómo Vamos, cerca de 2 millones de personas se han trasladado a los municipios de este ecosistema durante los últimos cinco años. De tal forma, más que anunciar una novedad técnica, el estudio intenta responder a una pregunta que se volvió urgente: cómo reordenar una Sabana que ya fue transformada sin reglas claras. Lo hace, además, en plena discusión técnica por las determinantes ambientales que propuso el Ministerio de Ambiente para corregir una deuda histórica con el municipio de hace 30 años.

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