La primera línea del metro de Bogotá dejó atrás los renders para tomarse, poco a poco, las calles capitalinas. De acuerdo con las cifras de la Empresa Metro —con corte al 31 de julio de este año—, el avance es de 60 por ciento y el primer tren, como lo confirmó el alcalde Galán, debe llegar a la ciudad entre el 15 y 20 de septiembre próximo. Estas noticias apuntan a que el metro entre en operación en 2028, cumpliendo así el cronograma previsto.
La fecha puede parecer lejana para muchos bogotanos que añoran con ansias lo que, por años, parecía un sueño: transportarse en metro. No obstante, mientras el calendario avanza, es imperativo que empecemos a conversar sobre temas que orbitan alrededor del metro y su impacto en la movilidad de los ciudadanos.
Una de esas conversaciones —tan pertinentes como urgentes— tiene que ver con la interoperabilidad de los diferentes sistemas de transporte que cohabitarán en Bogotá, no solo por su impacto sobre cómo se moverán las personas, sino porque, además, incide en temas como las finanzas, su sostenibilidad y la adopción de nuevas tecnologías.
Encuentro importante precisar que cuando hablamos de interoperabilidad vamos más allá de cómo se conectará el metro con los sistemas de transporte públicos ya existentes. Pensamos en las inmensas posibilidades que se abren para los bogotanos: desde el uso y alquiler de bicicletas y patinetas hasta la conectividad en el pago de parqueaderos para carros particulares, por ejemplo. Es necesario que desde ya comencemos a pensar cómo integramos en un único sistema robusto y eficiente las diferentes maneras en que nos movemos por la ciudad.
Por ello, una de las conversaciones más apremiantes versa sobre la interoperabilidad de pagos, es decir, cómo facilitamos a los ciudadanos que se muevan por la ciudad con la menor fricción y apoyados en los desarrollos tecnológicos. No podemos olvidar lo ocurrido en el año 2000, cuando tuvimos que utilizar dos tarjetas distintas: una para TransMilenio y otra para el SITP. Esto no puede ocurrir de nuevo.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se ha ocupado de identificar los retos a la hora de implementar un sistema de recaudo interoperable, partiendo de la base de que los sistemas de transporte urbano son mecanismos de competitividad y productividad para las ciudades.
Según el BID, hay tres perspectivas por abordar en esta materia: institucional (definir estructura de gobernanza y asignación de roles y responsabilidades), comercial (distribución de los ingresos y definición de comisiones en el sistema) y técnica (interoperabilidad, tecnología y seguridad). Urge comenzar a demarcar la cancha en cada uno de estos tres ejes.
Por supuesto, Bogotá cuenta con la gran ventaja de que no será la primera gran urbe del planeta en implementar un sistema de pagos y recaudo entre distintos modos de transporte público. Revisar las experiencias internacionales para detectar buenas prácticas y evitar errores es definitivo para el éxito de la implementación de este sistema. Sería necio hacer oídos sordos a lo que ha ocurrido en otras ciudades, aterrizándolo, por supuesto, a las singularidades de Bogotá.
Desde ProBogotá Región estamos convencidos de que esta conversación tiene que iniciar cuanto antes, por lo que seremos anfitriones del Summit Move-Pay, un evento de dos días en el que convocaremos a autoridades, expertos internacionales, académicos y demás actores del sector de la movilidad para comenzar a trazar las líneas de la interoperabilidad de recaudo en el sistema de transporte de la ciudad. No podemos esperar a que el metro ya esté rodando para definir temas que impactarán, para bien o para mal, la vida de todos los habitantes de Bogotá.